lunes, 1 de marzo de 2010

...de películas y mitos

Avatar y la resignificación de Pandora

Desde el mito griego que narró Hesíodo, Pandora siempre tuvo una carga negativa frente a los "avances" de la humanidad. Ahora, con el omnipresente filme de James Cameron hay quienes la asemejan al paraíso, a la resolución ideal del deseo de volver a la naturaleza. Mitos, cine y utopías, a la luz del filme más taquillero de la historia.
Por: HORACIO BILBAO
Como los Na' avi de James Cameron en Avatar, los griegos creían que Pandora representaba un aspecto de su propia naturaleza. Pero a diferencia de la película, veintiocho siglos antes, Pandora nació con una carga negativa que conserva al menos hasta ahora. Evidenciaba que la cultura fundada en cosas hechas por el hombre se enfrenta per sé al riesgo de autodestrucción. Cameron le da la razón a los griegos, y a Hesíodo, que escribió y describió la naturaleza de Pandora, la diosa de la invención y de la destrucción. Y por eso crea un entorno en el que toda creación humana está regulada y en armonía con la naturaleza, con el planeta (luna) Pandora.
En la mitología griega Pandora, la primera mujer creada por Zeus, fue enviada a la tierra como un castigo por la transgresión de Prometeo. Llegó para alertarnos, para siempre, sobre los riesgos de la curiosidad, del dominio técnico, de la manipulación de la naturaleza, del planeta, con fines varios. Toda creación del hombre, todo acto de invención choca desde entonces contra Pandora. Y desde Hesíodo hasta Avatar carga con el peligro incalculable de sus consecuencias impensadas, que pueden ser trágicas para la naturaleza humana.
(...) En Avatar, son los terrícolas, en una fase terminal del capitalismo, los que van a Pandora. Allí encuentran el paraíso y el infierno a la vez. La Pandora de Cameron es un planeta inspirado en Gaia o Gea, otra diosa griega de estimulo creador. La diosa de la Tierra. Con mística ecologista Pandora es un planeta en perfecta armonía de hombre y naturaleza, que no por casualidad se llama Gaia en la lengua Na' avi, sus habitantes. Esto tiene sus orígenes el mito griego y una larga escuela de ciencia y ciencia ficción.
(...) Avatar pondera ese ecosistema autoregulado en el que sus organismos forman un todo, una biosfera en la que todo está conectado. Lejos de las redes sociales de Internet, en las que el ruido y la banalidad es un denominador común, Pandora cuenta, es, una red planetaria con la que todos los organismos pueden comunicarse a través de los árboles; así navegan incluso entre sus antepasados, en una exaltación de la memoria en crisis. Y lo hace a contramano de la evolución humana de los últimos siglos, contra la Pandora de la que dan cuenta desde Hesíodo a Sennett. (...)
La comunidad de Pandora no tiene que ver con la política y la lucha de clases, no libra batalla alguna en el seno de su sociedad (...) Y en ese sentido es ingenua y simplista. Pero plantea el choque de dos mundos, de dos Pandoras, la del castigo griego y la de la Gaia. En ese espejo se mira la humanidad capitalista del año 2154, fecha de anclaje de la película. ¿Era solo un mito el karma pandórico? ¿Era insensato el miedo a cualquier invención?
"La caja de Pandora" habla de la necesidad de comprometernos con lo que hacemos mientras lo hacemos. Ahora, hoy, que podemos encontrar los peligros de la esta ausencia de compromiso en cuanta caja de Pandora abramos (la explotación del medio ambiente, la tecnología como motor cultural y la investigación genética lideran una larga lista de preguntas). Y en ello, la Pandora que envió Hollywood y la que nos legó Zeus tiene el mismo efecto. El de un aviso que sea en 3D o en papiro plantean el problema de la (des)conexión con la naturaleza.

Artículo completo en: Revista Ñ

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